Este finde podría decirse que ha sido como volver a mi adolescencia sin dejar de ser algo nuevo. En el sentido de que tuve una fiesta, como los viejos tiempos; hasta las altas horas de la madrugada, bebida, música, tonterías del momento, etc. y sin dejar paso a los malos rollos que suelen rondar por mi cabeza.
Me lo pasé muy bien, ... y lo que apareció al día siguiente fue pena de que ya se hubiera acabado y una combinación entre nostalgia y sentimentalismo (agujetas (que soy muy deportista, literalmente) y ... -aca, jaja).
Dos días después me sigue invadiendo el sentimentalismo, y prefiero pensar que el cansancio que me queda, el estar recuperando horas de sueño, la vuelta a mi rutina (por llamarla así) etc. debilita mi estado psíquico y por ello me resulta imposible evitar que afloren sentimientos y sensaciones frustrados como los de la típica adolescencia, sólo que yo aún no he logrado abandonar.
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