No sé ya si será gafe o mala suerte, pero lo único que me ha tocado en una rifa en toda mi vida han sido unas zapatillas de ballet rosas. Esto fue cuando era pequeña, pero resultaba un poco ... cómico, empezando por el poco sentido rítmico que siempre he tenido y acabando porque parecería una bolita con zapatillas rosas dando saltos. Por si esto fuera poco, odio el rosa. Y si alguien duda aún si el destino se estaría riendo de mí, pues las zapatillas ni siquiera eran de mi número (porque no quedaban más y no se podía elegir), eran pequeñas. Así que lo único que me ha tocado en juegos nunca lo he podido estrenar, en caso de que hubiera querido; y como todos de niños somos igual de inocentes (o tontos... no sé...) yo me fui a mi casa contenta al menos por no volver con las manos vacías. Nada más llegar acabaron en el fondo del armario y nunca más he sabido nada de ellas, igual pasaron a la otra galaxia.
Seguro que si mi papeleta le hubiera tocado a un niño le habría tocado un balón azul, que al menos lo podría botar (o no...). Típicos estereotipos "niño-niña" aunque esto ya es otro tema.
Bueno, a día de hoy me estoy planteando si tengo que declarar a hacienda mis maravillosas zapatillas rosas.
1 comentario:
Hacienda somos todos asiq... declaraló.
Ya tendrás suerte.
1bsto
Publicar un comentario